... o lo ke sueñas kuando te despiertas...

viernes, 4 de enero de 2008

Año nuevo, vida vieja

No conseguí comerme todas las uvas. Mi madre me avisó quince minutos antes de las 12, y todavía con el ojo medio pegado me incorpore del sofá y cogí doce uvas del plato. No mire ni si eran gordas, chicas, verdes o marrones, lo mismo me daba: entraba a trabajar media hora después y estaba totalmente apática. Había intentado en vano echarme una mini siesta pre-curro y no había podido gracias a que mi perra venía a chuparme la cara cada tres minutos aproximadamente. Ese mismo día, a las cuatro de la tarde me había llamado mi hermana preguntándome si quería trabajar en un pub de camarera. No me hacia mucha ilusión volver a la hostelería, pero era algo que se me daba bien y tampoco tenía grandes planes para esa noche, así que acepté pensando que quizá podría abrirme puertas para otros fines de semana en los que me hicieran falta unas pelas (vamos, que cualquier fin de semana me venía bien, porque no tenía donde caerme muerta).

A las siete de la mañana acabé de trabajar con un gran dolor de pies y una gran alegría en el corazón. Llame a SP1 para ver donde estaba y fui al encuentro de mis amigos, aunque cuando llegue no los reconocí; en su lugar había un panda de pasados de rosca a los que tuve que unirme por no automarginarme. A las 10 se iban a casa de uno de ellos y SP1 decidió que ya estaba bien de fiesta por hoy y que nos marcháramos a casa, justo cuando por fin empezaba a encontrarme a gusto dentro del grupo. Dormí y por la tarde paseé a mi perro, que llevaba horas en la casaneta.

Los días siguientes los he pasado frente al periódico buscando un piso de alquiler barato y céntrico y un buen trabajo. Noto que estoy mas cerca de la felicidad ¬¬

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